sábado, 3 de enero de 2009

LA VIOLENCIA SILENCIOSA

Diariamente firman importantes oficios, acuerdos, licitaciones, decretos; autorizan grandes proyectos, programas, políticas de gobierno. Cada semana, cada mes, aprueban trascendentes leyes, reglamentos y normas. Silenciosamente, consiguen el movimiento cotidiano de grandes y pequeñas máquinas que talan árboles, cortan cerros, colinas y laderas, escarban a grandes profundidades, clavan grandes pilotes, pavimentan suelos y lechos de ríos, arroyos, humedales y manglares, demuelen edificaciones con valor arquitectónico, monumentos históricos y algunas ruinas arqueológicas, y urbanizan sin cesar todo lo que queda de áreas o zonas de vida silvestre o de bosques y áreas verdes en las ciudades. Logran, todos los días, el ejercicio de una gran violencia contra los animales, bosques, selvas, ríos, lagos, lagunas, humedales y suelos fértiles; contra el arraigo y la cultura de los habitantes de viejos pueblos, barrios y colonias.

Sin embargo, estas grandes y pequeñas máquinas funcionan en razón de una ciencia y una tecnología al servicio de inversionistas mayores, dominante en nuestras grandes universidades y centros de altos estudios. El interés de los inversionistas supremos, presiona, soborna, extorsiona y somete a gobiernos, legislaturas, universidades y centros de altos estudios; así consigue sus objetivos de negocios con los patrimonios ecológicos y culturales de México. Pocas diferencias tienen entre sí los partidos en el poder; todos están de alguna manera comprometidos con los grandes inversionistas; todos ejecutan, cuando pueden, grandes obras y aplican políticas, supuestamente benéficas para los mexicanos, pero que resultan incomparablemente más redituables para los supremos empresarios y políticos; todos ejercen una violencia cotidiana, silenciosa, contra los vecinos de todos los lugares de México. Hemos llegado a este punto por la miseria espiritual, mental, emocional que invade, tanto a grandes sectores de la población mexicana, como al pequeño grupo de ricos dominante en México.

La violencia silenciosa de los gobiernos y grandes inversionistas está detrás de la construcción de presas, carreteras, aeropuertos, termoeléctricas, núcleo eléctricas, puentes, puertos, bases militares, canales, trasvases, confinamientos de residuos, torres de alta tensión, marinas, desarrollos turísticos, hospitalarios, educativos, industriales; está detrás de la construcción de ciudades industriales, unidades habitacionales, segundos pisos, distribuidores viales, vías rápidas, pasos a desnivel, deprimidos, arcos viales, libramientos, trenes suburbanos, líneas de Metro y Metrobus, rellenos sanitarios, plantas de tratamiento de residuos, torres, rascacielos, complejos, drenajes profundos, acuaféricos, entre otros megaproyectos. Esta violencia silenciosa es responsable de la proliferación de las protestas y las acciones de resistencia de vecinos, ejidatarios, campesinos, estudiantes, maestros, obreros y empleados; esta violencia silenciosa es la responsable de la violencia extrema que invade a México. ¡ ¡Basta ya de la violencia silenciosa de los políticos, de los grandes empresarios y de los más influyentes científicos y profesionistas de México!


Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México

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