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martes, 17 de febrero de 2009

PROPUESTA DE ECOLOGÍA al DEL FSM, MEXICO DF, 2009

PRIMERA PARTE DE LA PRIMERA PROPUESTA DE ECOLOGÍA A TODOS LOS EJES TEMÁTICOS EN EL FSM, MEXICO DF, 2009
PROPUESTA DEL EJE DE ECOLOGÍA EN TORNO A LA CRISIS FINANCIERA MUNDIAL


Foro Social Mundial, México DF 2009

Propuesta aprobada en la reunión de ambientalistas del 26 de enero de 2009, sujeta a revisión por los ambientalistas y ecologistas participantes en el tema de Ecología; se presentará una nueva versión revisada de este texto antes del viernes 30 de enero, para ser presentada en la mesa o coloquio dedicado al tema de Ecología, este viernes, a partir de las 12.00 hrs, en la Carpa No. 1



Proponemos que todas las redes y organizaciones participantes en el FSM Mexico DF, 2009, tengamos los siguientes objetivos o propósitos con relación a la Crisis Financiera Mundial:



1. Rechazar los planes anticrisis aprobados por los gobiernos y los partidos: los rescates no deben ser a las grandes empresas, verdaderas responsables del desastre financiero y ecológico de México y del mundo, deben ser para las comunidades ecológicas, las cooperativas ecológicas para la producción local de alimentos, medicamentos, ropa, vivienda, es decir para la producción local.



2. Crear empleo verde con el microtransporte, la microgeneración de energía; el cambio de excusados por otros ecológicos; la captación de agua de lluvia; el tratamiento casero o comunitario de agua; la eliminación de pavimentos, drenajes, tuberías; el reciclamiento ecologico de casas y edificios; la remodelación ecológica de las colonias o ejidos; separación, acopio y tratamiento de residuos en las colonias, pueblos o ejidos; talleres para el perfeccionamiento de ecotecnias.



3.- Cultivo de almácigos de verduras en azoteas, terrazas, jardines: URBICULTURA (agricultura en la ciudad); rescatar la cultura de la chinampa.



4. Boycot a la alimentación industrializada de las grandes corporaciones como: MASECA, MINSA, BIMBO, y al gran comercio: WAL Mart, Home Mart, Office Depot, OXXO entre otras.



5. Rechazar la construcción de infraestructura, como forma de reactivación de la economía: No a los megaproyectos de cualquier tipo. No a los proyectos de Carlos Slim.



6. Exigir la eliminación de los subsidios a los grandes consumidores y embotelladores de agua (incluyendo industria y servicios), electricidad, gas, gasolinas; exigir cargas económicas mucho mas elevadas por la contaminación del aire, del agua y de los suelos; por la tala de árboles.



7. Rechazar los proyectos gubernamentales de ecología; exigir mayor seriedad a los gobiernos en el manejo de los asuntos ambientales: cambio climático, pérdida de biodiversidad, crisis del agua, forestación, residuos sólidos; energías alternativas; agrocombustibles.



8. Exigir severas regulaciones nacionales y mundiales a los flujos financieros, desalentar el libre comercio, revertir las privatizaciones del agua, la energía y los recursos naturales; elevar los impuestos a la conglomeración, a la concentración de capitales y tecnologías; rechaza a la manipulación genética y a la nanotecnología. No a la industria nuclear.



9. Rechazo al mito del desarrollo y crecimiento económico, eliminar el PIB, como forma de gobierno; radicalizar la democracia directa; elevar el papel de la política en los asuntos públicos; transformar la jurisprudencia, para reconocer los derechos de plantas y animales.



10. Planes para el Descrecimiento de la infraestructura, la organización pólitica, y el consumo de petróleo, metales, madera, Descrecimiento en el uso del autos, celulares, computadoras, aviones, trenes rápidos.


SEGUNDA PARTE DE LA PRIMERA PROPUESTA DE ECOLOGÍA A TODOS LOS PARTICIPANTES DEL FSM, MEXICO DF, 2009

Texto aprobado en la reunión de ambientalistas y ecologistas del 26 de enero de 2009; todavía sujeta a revisión por los ambientalistas y ecologistas participantes en el tema de Ecología; se presentará una nueva versión revisada de este texto antes del viernes 30 de enero, para ser presentada en la mesa o coloquio dedicado al tema de Ecología, este viernes, a partir de las 12.00 hrs, en la Carpa No. 1

PROPUESTA DEL EJE TEMÁTICO DE ECOLOGÍA A TODOS LOS PARTICIPANTES EN EL FORO SOCIAL MUNDIAL, MEXICO, DF 2009

PROPÓSITOS QUE DEBIERAN ASUMIR TODAS LAS REDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES, CON RELACIÓN A LOS SIGUIENTES TEMAS PRIORITARIOS DEL FSM, MEXICO, 2009

CAMBIO CLIMÁTICO
PREMISAS:

1. El Cambio Climático es uno de los principales problemas ecológicos de origen antropológico que incrementa y acelera la extinción masiva de especies por el consumo masivo de combustibles fósiles.
2. El cambio climático puede modificar la composición de la vida tal como la conocemos, tanto en la tierra como en los océanos con efectos irreversibles para la humanidad.
3. Por el afán de las grandes corporaciones y los países que las consienten no ha sido posible reducir la producción y consumo de combustibles fósiles que producen gases de efecto invernadero como CO2

PROPUESTA:
Imaginar comunidades o ciudades en el mundo que consuman cada vez MENOS PETRÓLEO O AGROCOMUBUSTIBLES del que consumen hoy en día las comunidades, las ciudades del mundo desarrollado; imaginar comunidades y ciudades virtualmente sin autos, sin aviones y sin trenes de alta velocidad; virtualmente sin bombas de agua y sin grandes industrias. Imaginar comunidades o ciudades de VIDA LENTA.

Imaginar comunidades o ciudades que virtualmente NO CONSUMAN CARNE ROJA O ALIMENTOS VEGETALES DE OTRAS CUENCAS.

AGUA

PREMISAS:

1. El agua en el mundo se esta privatizando con el consentimiento de gobiernos neoliberales lo cual produce degradación social y ambiental.
2. La infraestructura para transportación uso y almacenamiento de agua potable a escala masiva en el campo, ciudades e industrias, incrementa la contaminación del agua y atenta contra su uso común. La agricultura industrializada es un fracaso total: consume demasiada agua y petróleo; degrada los suelos y es totalmente incapaz de dar alimentación a todos los seres humanos: sólo beneficia al gran capital: urge otro modelo de producción de alimentos, no industrailizada.

PROPUESTA:

Imaginar comunidades o ciudades en el mundo que virtualmente no consuman agua potable en sus excusados y no utilicen ni grandes bombas, ni grandes tuberías; que no utilicen, ni drenajes ni tuberías de distribución de agua; que virtualmente no tengan pavimentaciones.

Imaginar ríos sin presas, sin entubamientos, ni recubrimientos de concreto; el agua como bien común.

Imaginar manantiales, cascadas, cataratas, sin confinamientos, sin importantes reducciones en su caudal por intervenciones del Hombre sin contaminación.


PICO DEL PETRÓLEO
PREMISAS:

La era del petróleo ha llegado a su fin, bajo esta premisa un grupo de ecologistas reunidos bajo el eslogan de "descrecimiento" propusimos los siguientes objetivos estratégicos:

1. La reducción drástica pero paulatina de extracción de petróleo en México.

2. Cese total de las importaciones de gasolina y otros combustibles extranjeros.

3. Reducción creciente y la eventual cancelación total de la exportación de petróleo crudo y otros hidrocarburos sin procesar.

4. La reestructuración total de PEMEX y el resto del sector energético del país para alcanzar la absoluta transparencia en las cuentas y manejos administrativos, económicos y políticos; y el saneamiento de sus muy viciadas prácticas de corrupción, de deterioro ambiental y social.

5. La reducción sustancial del consumo interno de hidrocarburos, que causa tantas distorsiones económicas, tecnológicas, ecológicas y políticas; además de fomentar el consumismo, la injusticia y la desigualdad social

PROPUESTA:
Imaginar comunidades o ciudades mexicanas que enfrentan activamente en los próximos años las consecuencias de la duplicación o triplicación de los precios mundiales del petróleo en menos de seis meses lo que se refleja en un cambio radical en la movilidad social.

--
Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México

De la carpa 3 del FSM, México 2009

De la carpa 3 del FSM, México 2009
Reconocimiento legal a los derechos de los pueblos originarios de la ciudad de México

Nos reunimos en este importante foro internacional para discutir una demanda histórica postergada por décadas: el reconocimiento jurídico hacia los pueblos y comunidades originarias de la ciudad de México. Derecho abolido en 1929 con la desaparición de los municipios y creación de las delegaciones en el Distrito Federal.

Los habitantes de estos pueblos y comunidades originarios poseen una identidad que nutre la rica diversidad comunitaria de la ciudad de México. Identidad que se manifiesta en una serie de tradiciones y costumbres conservadas y enriquecidas a través de cientos de años. Identidad que se manifiesta en fiestas patronales, civiles y religiosas, ricas en símbolos que al parecer han sido devorados por la mancha urbana pero que siguen subsistiendo incluso en medio de ejes viales.. Porque cuando llega la fiesta patronal el cierre de calles, la instalación de ferias, la fiesta con sus procesiones y comidas hacen manifiesto un derecho que hoy venimos a discutir para sea respetado no sólo por los usos y costumbres sino por las leyes que deben regir a nuestra ciudad.

Pero no sólo nos reunimos para buscar el reconocimiento jurídico de lo que en la práctica los pueblos y comunidades han venido haciendo milenariamente. Se trata también de proteger los recursos naturales que muchos de estos pueblos han defendido como un bien comunitario. Uno de nuestros objetivos es proteger estos recursos naturales de la antigua cuenca donde se asienta la ciudad de México.

Proteger ahora los recursos naturales es una cuestión prioritaria para las necesidades locales como para el mundo entero. Los proyectos que se piensen hacer como el que se implanta en algunos pueblos de Tlahuac, a través de la introducción de la línea 12 del metro, por el gobierno de la ciudad de México, deben contar con la participación y consenso de los actores sociales comunitarios, no sólo por ser los directamente involucrados, sino porque es su derecho y tienen necesidades y conocimientos que debemos tomar en cuenta, pues es gracias a ellos que contamos todavía con esas zonas agrícolas y de recarga de mantos acuíferos para la ciudad de México.


viernes, 13 de febrero de 2009

Foro Social Mundial: Ponencia de Tlahuac ::: Sobre el ejido


Foro Social Mundial ::: Ponencia de Américo Saldivar

FORO Social México

Por Américo Saldívar V.

¿Cuáles son las cuestiones sustantivas que debemos poner a debate y discusión? ¿Crecimiento durable y sostenido o decrecimiento sostenible y desarrollo sustentable?

Durante los dos últimos siglos las sociedades han estado ocupadas en crecer y producir bienes materiales y ha arribado a la paradoja de un mundo lleno de satisfactores materiales, frente a un mundo semivacío de recursos naturales y satisfactores espirituales y libertarios y, peor aún, con una inequidad abismal e imparable.

Este mundo "lleno" con crecimiento económico desbocado es indirectamente responsable de la tremenda degradación de los hábitats naturales y del medio ambiente, de consumismo, infelicidad y reducción del tiempo libre. Ello nos lleva a afirmar que el crecimiento ya no es más necesariamente sinónimo de progreso social, como lo muestra la existencia de desigualdades y pobreza, observadas en occidente, después de casi tres décadas ininterrumpidas de libre mercado, precarización del trabajo y empeoramiento de las condiciones de vida de grandes sectores de la población, aún, en las naciones más ricas del planeta.

Justamente este tipo de crecimiento desordenado e inequitativo, depredador, con alto uso de materiales y de energía y con desprecio hacia la gestión de los recursos naturales ha desembocado en la actual crisis mundial del sistema capitalista. Es pues, una crisis sistémica cuya recuperación y salida a la misma no se podrá lograr con medidas y rescates financieros que sólo serán paliativos para atacar los efectos y mantener el status quo, pero que, tarde o temprano, conducirán al mismo punto de partida, a sus orígenes y a la repetición de los mismos errores que la produjeron.

Debemos volver al llamado que hizo en 1972 el Club de Roma ¡Alto al crecimiento! Sobre la vía de un decrecimiento sustentable que concilie el progreso social con la conservación ambiental. Para aquellos países donde el crecimiento puede ser un imperativo, debemos discutir qué tipo y modelo de desarrollo estos países deben buscar y procurar.

De los que muy pocos hablan y conocen es que la crisis tiene simultáneamente una matriz tanto ecológica como-económica, social, cultural, de valores, de pérdida de expectativas, donde la mayoría no percibe que vivimos en un sistema con recursos finitos.

Por ello pensamos que parte de su solución son los programas verdes a través del impulso de una economía social y ecológica. ¿Es posible ésta? Debemos buscar Soluciones verdes para una crisis global.

En Economía Versus Naturaleza, encontramos una doble contradicción: una economía que se basa en indicadores monetarios de crecimiento del PIB y el consumo, prescindiendo de la naturaleza; versus aquella otra donde la naturaleza prescinde de la raza humana.

El propósito final de este modelo económico es la provisión de más bienes de consumo[1], sin importar su costo ecológico y social. Por ello el reciente plan de Obama o Calderón para estimular la economía impulsará más el exceso de consumo y de sobreendeudamiento, que constituyen precisamente dos elementos de la crisis actual…

Cambio Climático

México es especialmente vulnerable al calentamiento global que ocasionará notables modificaciones en su ciclo hidrológico, ya que se encuentra sujeto a sequías recurrentes en algunas regiones o a fuertes precipitaciones estacionales, ocasionadas por huracanes y tormentas tropicales en otras. Dos terceras partes de nuestro territorio están caracterizadas como áridas o semiáridas por lo que es posible que esta superficie sufra una sensible disminución en la precipitación y el escurrimiento.

Si sumamos que las principales cuencas y acuíferos de nuestro país, la explotación de los recursos hídricos disponibles se acerca a sus límites, o han sido rebasados, podremos comprender mejor la importancia de analizar los posibles efectos del calentamiento global en la gestión del agua, suelo y bosques.

Varios estudios muestran la importancia de contabilizar la depreciación de los recursos naturales como un mecanismo útil para tomar decisiones sobre la intensidad de uso y aporte de los mismos a la economía. Existen indicios que sugieren considerar entre un 4% y un 12% del PIB como un costo por utilizar los recursos naturales (tanto por degradación como por agotamiento)[2].

El agua es el motor de la vida y por este motivo los cambios en el ciclo hidrológico producen modificaciones de consideración en los ecosistemas y en salud. Los recursos hídricos ya están sujetos a grandes presiones por el crecimiento poblacional, el desarrollo social y económico que genera mayores demandas, sobre todo de uso industrial y de servicio; y a los cambios en el uso del suelo y alteraciones en las zonas de captación de las cuencas, ocasionados principalmente por la deforestación y la erosión[3].

Es decir, aún sin el cambio climático, la gestión de los recursos hídricos en México se complicará en los próximos años como resultado del crecimiento demográfico y del desarrollo económico, que típicamente incrementa el consumo per cápita y eleva las emisiones de gastes de efecto invernadero (GEI).

¿Desmaterialización?

Ante este panorama que nos conduce a la contaminación y degradación extremas de los ecosistemas, particularmente de las aguas subterráneas y superficiales, la desmaterialización de los procesos productivos y el descrecimiento se presenta como una necesidad imperiosa para el mediano y el largo plazos.

Profundizando aún más en la cuestión de los costes ambientales de la «nueva economía", la huella ecológica, en contraposición al PIB, constituye un buen indicador de las dimensiones físicas de nuestro consumo:

Como lo señala un autor, fundamentalmente debido al uso generalizado de electricidad que soporta el funcionamiento de los ordenadores, internet y otros equipos de oficina. Así se ha comprobado cuando se han querido transformar los requerimientos de energía y materiales en espacio ambiental, estimando que la huella ecológica de un ordenador personal se sitúa en torno a los 1.800 m2, siendo la fracción derivada del uso de energía mil veces mayor que la de cualquiera del resto de componentes. En algunos casos como el estadounidense, la energía directa utilizada en estos aparatos se encuentra en el 2 por 100 del uso eléctrico total (siendo el sector comercial y de oficinas el responsable del 70 por 100 de esta cantidad) —llegando al 3 por 100 si se incluye la energía incorporada en la fabricación de los propios productos—. Por desgracia, hay ocasiones en que el progreso tecnológico se ha convertido en motivo de despilfarro adicional, al fomentar «pérdidas eléctricas» asociadas al funcionamiento de posibilidades como el modo «off», que facilitan el encendido automático, o por mando a distancia, de muchos aparatos informáticos, televisores, videos, equipos de música, etc. En algunos casos estas «pérdidas», según varias estimaciones, pueden alcanzar el equivalente al 5 por 100 del consumo eléctrico de los hogares como en Estados Unidos o llegar a los 10 TWh para el caso del continente europeo.(Carpintero, pp.97-98)

Veamos ahora un ejemplo del efecto "rebote":

Viene a colación un ejemplo extraído de la vida cotidiana y que recuerda bien la dimensión material presente en nuestras economías, a veces denominadas, postindustriales o postmateriales:

«Imagine que cada mañana un camión le entrega en su casa todos los materiales que utiliza en un día, salvo la comida y el combustible. Apilados frente a la puerta están la madera de su periódico, los productos químicos de su champú y el plástico de las bolsas con las que lleva la compra a casa. También se incluye el metal de sus aparatos y electrodomésticos y de su automóvil —sólo la parte que usa en un día de la vida total de dichos objetos—, al igual que su fracción diaria de materiales compartidos, como la piedra y la grava de las paredes de su oficina y de las calles por las que camina. En la parte de abajo del montón están los materiales que usted nunca ve, como el nitrógeno y la potasa empleados para cultivar sus alimentos, y la tierra y las rocas bajo las que estuvieron enterrados sus metales y minerales. Si es usted un estadounidense medio, esta entrega será pesada: 101 kg; el peso aproximado de un varón de talla grande. Pero la cuenta de sus materiales sólo acaba de empezar. Mañana llegarán otros 101 kg, y al día siguiente, otros tantos. A final de mes, usted habrá utilizado tres toneladas de material, y al cabo de un año 37 toneladas. Y si sus 270 millones de compatriotas hacen lo mismo, un día sí y otro también; todos juntos devoran casi 10.000 millones de toneladas de material en un año».[4]

Este paradójico resultado en plena era de la economía digital tiene mucho que ver con la existencia de un marco institucional que estimula el ya mencionado "efecto rebote" y los comportamientos generalizados de excesos en el consumo y de "obsolescencia planificada" en la producción.

Comportamientos que acaban apoyando, vía precios, la extracción masiva y el consumo de recursos naturales frente a estrategias de conservación, reciclaje y reutilización y renovabilidad de los mismos.

Contrariamente al crecimiento ilimitado de la economía material que destruye los sistemas vivientes, la apuesta por el decrecimiento sostenible conlleva el aumento de la economía inmaterial, es decir, de los flujos de innovación de intercambio de la cultura y la información de todo tipo.

Si bien la economía moderna incrementó su eficiencia de manera descomunal, lo hizo a costa de disminuir su eficiencia energética y de recursos naturales. Para producir el mismo kilo de alimento se utilizaba en España a finales de los noventa del siglo pasado, hasta nueve veces más energía que en los años cincuenta (Naredo 1998).

Globalización y Socialdemocracia

Consideramos que nuestra propuesta ecológica tiene diferencias aún con aquellas posiciones más avanzadas de la socialdemocracia europea y sus partidarios, entre las cuales conviene resaltar las siguientes:

· La globalización es esencialmente beneficiosa para el mundo; los neoliberales simplemente han arruinado la gestión de la misma y la tarea de venderla a la opinión pública.

  • Es urgente salvar rescatar la globalización, arrancándola de las manos neoliberales: porque la globalización es reversible, y lo cierto es que podría haber empezado ya el proceso de su reversión.
  • El crecimiento y la equidad pueden entrar en conflicto, en cuyo caso hay que dar primacía a la equidad.
  • Es posible que el libre comercio no sea beneficioso a largo plazo, y es posible que mantenga en la pobreza a la mayoría; por eso es importante que los acuerdos comerciales estén sujetos a condiciones sociales y medioambientales.
  • Hay que evitar el unilateralismo y, al propio tiempo, hay que emprender reformas fundamentales de las instituciones y de los acuerdos multilaterales, un proceso que podría entrañar la liquidación o la neutralización de varios de ellos, como el Acuerdo Comercial para los Derechos de Propiedad Intelectual (TRIP, por sus siglas en inglés) establecido en el marco de la Organización Mundial de Comercio.
  • La integración social global, o la reducción de las desigualdades dentro de las naciones y entre las naciones, debe ir de la mano de la integración del mercado global.
  • La deuda global de los países en vías de desarrollo ha de ser cancelada, o al menos, drásticamente reducida, a fin de que los ahorros puedan usarse para estimular a la economía local, contribuyendo así a la reflexión global.
  • La pobreza y la degradación medioambiental son tan graves, que hay que poner en marcha un programa masivo, una especie de "Plan Marshall" del Norte para las naciones del Sur en el marco de los "Objetivos de Desarrollo del Milenio".
  • Hay que lanzar una "Segunda Revolución Verde", particularmente en África, a través de la generalizada adopción de las semillas genéticamente modificadas.
  • Hay que dedicar grandes inversiones para poner a la economía global en una senda medioambientalmente más sostenible, y los gobiernos deben encabezar esos programas ("keynesianismo verde" o "capitalismo verde").
  • Las acciones militares para resolver problemas deben preterirse a favor más bien de la diplomacia y del "poder blando", pero deben mantenerse las intervenciones militares humanitarias en situaciones de genocidio.

Las soluciones verdes ante la crisis económica

De otra parte, veamos a continuación algunas de las principales posturas del Grupo Los Verdes/ALE en el Parlamento Europeo:

· La nueva economía debe aplicar el principio de responsabilidad tanto en la política y las leyes como en la producción y el consumo. Debe frenar y reducir la destrucción las contaminaciones generadas en las personas, los ecosistemas, las especies y animales no humanos, y las generaciones futuras.

· El ser humano es el único ser vivo que utiliza el agua movida en forma artificial y la utiliza en volumen mucho mayor a los requerimientos vitales. Pero además cuando su costo es irrelevante la usa en forma excesiva en cualquier proceso productivo o doméstico.

· El 98% del agua se usa en actividades no biológicas, y en la medida que mayor es el nivel de ingresos, mayor es el consumo de agua para necesidades cada vez más suntuarias.

· En realidad lo que probablemente se está defendiendo con estos movimientos sociales es el que el agua no se privatice en sus fuentes de extracción. Al respecto, conviene señalar que, de acuerdo con la LAN, se otorgan derechos de uso y aprovechamiento pero no derechos de propiedad sobre determinados caudales y que puedan ser objeto de comercio; los derechos de aprovechamiento o concesiones otorgados por la autoridad del agua son intransferibles.

· El agua nunca va a dejar de existir, pero sí es cierto que los seres humanos estamos degradando en cantidad y calidad y a ritmos insostenibles las fuentes naturales disponibles donde la humanidad se surte del líquido.[5]

· Necesitamos una economía de mercado regulada con exigentes normas sociales y ecológicas, y con capacidad de evitar la gran concentración empresarial y favorecer la diversificación su enraizamiento local y bioregional.

· La nueva economía verde y social debe exigir profundos cambios fiscales y legislativos para hacer las paces con el planeta y las personas.

Insostenible, abastecer el consumo actual de agua SMA, DF

Considero que en nuestro país el tema de la privatización del agua, sobre todo en lo que se refiere a los sistemas operadores municipales, no está en la agenda del día. Los temas más urgentes a discutir en estos Foros se refiere a si debemos pagar o no un precio justo por su consumo y uso. Veamos.

En informe de la SMA par la Asamblea de diputados del DF, se precisa que cada habitante del DF consume un promedio de 364 litros al día, "lo que significa más del doble de los 150 litros que se recomiendan para las grandes ciudades como ésta", y añade que de ese suministro 37 por ciento se pierde en fugas, "no es sostenible ni sustentable resolver la demanda incrementando la oferta, sino que la demanda debe ajustarse a la disponibilidad real del agua".

La escasez es un hecho real, tanto por las condiciones físico climáticas como por el elevado y exagerado consumo social: la demanda es mayor que la disponibilidad y la oferta de agua.

Conagua señaló que las siete presas del sistema Cutzamala registran niveles "peligrosamente bajos", al situarse en sólo 58.83 por ciento de su capacidad. La ausencia de lluvias, dijo, ha provocado esta reducción del volumen, el cual en los primeros días de este año era de 62 a 63 por ciento.

Se trata, explicó, del volumen históricamente más bajo en los 18 años recientes e indica que el sistema presenta un déficit de 140 millones de metros cúbicos de agua y para recuperar el nivel de las represas debería evitarse la extracción del líquido en 110 días.

Una forma de remediación para reducir el elevado consumo es la eliminación de subsidios y a través del aumento de tarifas para que alcancen o se aproximen a los costos reales de "producción" y suministro del agua.

Así, las tarifas de agua en bloque deben aumentar por lo menos un 15% debido al Elevado gasto en electricidad por bombeo, potabilización, etc.; Justificó que aunque su propuesta[6] aún está por debajo del costo real, (estimado en 7 pesos, dado el gasto de mil 700 millones de pesos en electricidad, materias primas de potabilización y personal).

Claro, nuestro costo estimado del agua, que incorpora los costos tanto económicos como ecológicos de la misma es tres veces superior a la cifra arriba mencionada. Valor que nadie paga, ni siquiera laos grandes consumidores, embotelladoras e industrias…[7]


[1] Durante tres mil veces al día, por publicidad, se nos dice y repite que hay que ir de compras, descartar, tirar, reemplazar…Es la misma cantidad de "información" que hace 50 años un individuo recibía durante toda su vida.

[2] Análogamente el informe de Niklas. Stern señala que, de no enfrentar las causas y efectos del cambio climático, en el mediano y largo plazo el planeta perderá entre el 4 y el 20% del PIB total. Para evitar eso se requiere invertir ya el 1% del PIB para combatir las causas del mismo.

[3] Ante esta perspectiva se puede ya hablar o pensar en el "pico del agua", cuando la escasez por agotamiento y contaminación de la misma en regiones específicas es inevitable y un hecho palpable.

[4] Tomado de; Oscar Carpintero (2005) El metabolismo de la economía española. Recursos naturales y huella ecológica (1955-2000), Madrid. (Pp.101-102)

[5] Un ejemplo de ello es que la Amazonia Brasileña ''perdió, en los últimos 30 años, 80 millones de hectáreas por actividades de desarrollo no duradero; el riesgo de que se vuelva una inmensa sabana es real''. El teólogo Leonardo Boff

[6] (Conagua) contempla aplicar un incremento de 15 por ciento en el precio del metro cúbico del agua en bloque que suministra al Distrito Federal y al estado de México, por lo que las actuales tarifas de 4.21 pesos en breve tendrán un ajuste de entre 60 y 80 centavos, una vez que la Secretaría de Hacienda apruebe esta propuesta. La Jornada, 24 de enero de 2009, p. 30 Sin embargo, 3 días después el director regional de Conagua acotó que es posible que esta nueva tarifa no se incremente, "debido a la crisis".

[7] Ver nuestro libro, A. Saldívar V. (2007) Las Aguas de la Ira…UNAM, México


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viernes, 6 de febrero de 2009

El retorno de los saberes de subsistencia- antieconomía

Esperando el retorno de los saberes de subsistencia

Jean Robert

En Némesis médica, libro publicado en 1976, Ivan Illich escribía: “Los agudos problemas de personal, dinero, acceso y control que acosan a los hospitales en todas partes pueden interpretarse como síntoma de una nueva crisis en el concepto de la enfermedad. Ésta es una crisis verdadera porque admite dos soluciones opuestas y ambas hacen anticuadas a los hospitales actuales. La primera solución consiste en aumentar la medicalización patógena de la asistencia a la salud, expandiendo más aún el control clínico de la profesión médica sobre la población deambulatoria. La segunda es una desmedicalización crítica, científicamente justa, del concepto de enfermedad”[1].

Algo del análisis de la crisis de la medicina hospitalaria de final de los años 1970 se puede aplicar al examen de la crisis de la economía en 2008-2009. De ésta última, también se puede decir que es una crisis verdadera porque 1)admite dos actitudes políticas opuestas y 2) vuelve anticuados la mayoría de las ideas corrientes sobre lo que es verdaderamente la economía. Las dos políticas opuestas frente a la crisis de la economía son, por un lado, un incremento patógeno de la dependencia de la gente hacia los mercados y por otro, una renuncia selectiva, progresiva, crítica y científica a ciertas mercancías y algunos servicios.

La crisis de la medicina hospitalaria de hace treinta años desembocó en la transformación de la medicina en un sistema biomédico tentacular y el aumento concomitante de la medicalización patógena de la sociedad y de los costos médicos. Mi esperanza se funda en mi convicción de que la crisis actual de la economía es una invitación a la segunda opción política.

Pero, el autor de Némesis médica insistía también en que “[l]a epistemología médica es mucho más importante para la solución sana de ésta crisis que la biología y la tecnología médica”[2]. En analogía, pienso que la epistemología y la historia de la economía son, hoy, mucho más importantes que toda la micro y la macroeconomía. La crisis es un momento en que debemos plantear preguntas radicales sobre las certidumbres poco cuestionadas que sirven de axiomas a los teoremas sociales que servían de guías a las prácticas durante el período que se acaba bajo nuestros ojos.

Tenerle miedo al miedo

De dos cosas una: la crisis, o es una incitación al miedo, al pánico que el capitalismo requiere para efectuar los reajustes estructurales sin los cuales no logrará sobrevivir, o es una oportunidad de tocar fondo, es decir de

cuestionar a fondo ideas recibidas demasiado tiempo como verdades intocables. Quiero primero reflexionar sobre la segunda opción, que contrariamente a la primera, es verdaderamente política. Tocar fondo quiere decir recobrar dolorosa y a veces gozosamente la percepción de lo concreto: no solamente de lo duro que se vuelve ganarse la vida, sino también del suelo y de los otros elementos y de la posibilidad, siempre abierta, de la convivencialidad. Significa limpiar su mirada de espejismos y quizás de un exceso de abstracciones, pero también recordar que, en épocas no muy lejanas como en muchísimos lugares del campo mexicano, la gente extraía directamente de la tierra, de las aguas y del aire la mayor parte de lo necesario para su subsistencia. No solitariamente, sino solidariamente.

Acabo de escribir una palabra muy desprestigiada por los economistas: subsistencia. En primera aproximación, llevar una vida de subsistencia es cultivar lo que uno come y comer lo que se cultiva. Donde hay suelo, agua y sol, y, pienso yo, buena convivencia, casi siempre se puede hacer, en plena tierra o en macetas. No requiere títulos ni de primaria ni de licenciatura y aún menos de doctorado, pero exige conocimientos precisos, apropiados al lugar, adecuados a su clima y en armonía con la cultura particular de éste suelo, ésta agua y éste sol, llamemoslos saberes de subsistencia. Pero, ¿no se suele decir, del que cultiva lo que come y come lo que cultiva: “el pobre, apenas logra llevar una vida de subsistencia”? Los más empecinados promotores de éste desprecio son los economistas. Pero, ¿a caso los economistas entienden lo que desprecian? ¿Existe, para ellos, un “fondo” de la economía que se pueda tocar, una base concreta que la relacione con actividades que permitan comer, vestir y abrigarse? La respuesta de los economistas es: la economía es un juego que debería permitir a todos ganar el dinero necesario para obtener la “canasta básica”, a pocos llevar una vida llena de lujos y a poquísimos ostentar una riqueza que ninguna sociedad del pasado pudo siquiera haber soñado. No tienen dificultad en reconocer que eso es injusto, pero, arguyen, hay que distinguir cuidadosamente la cuestión de la justicia de la de la eficacia[3] de la economía. Es ésta última cuestión que, a los economistas, les interesa. Ven la economía como una lotería, pero, dicen: “seamos realistas: hay un nivel de injusticia óptimo, en el sentido que, de haber menos injusticia, la situación de los ciudadanos más pobres sería peor de lo que es bajo el supuesto óptimo de injusticia”[4]. Esto dicen los economistas, o decían hasta el derrumbe de sus ilusiones el otoño pasado.

Pero vayamos por pasos: hay dos argumentos en lo que acabo de escribir, dos argumentos que es importante diferenciar. El primero dice: de acuerdo, el sistema económico es injusto, pero un poco de injusticia sirve para incrementar la producción de tal manera que algo de la extrema riqueza de los más ricos filtrará hacia los pobres, lo cual queda por ver. El segundo argumento es el más importante, pero es menos evidente. En la sociedad económica moderna, uno generalmente produce una cosa para obtener otra. Quiero una canasta llena para mi familia al fin de la quincena, pero, para obtenerla, lleno papeles en una oficina o trabajo en una fábrica de armas o de cigarros. En palabras precisas: sólo obtengo la canasta de mi familia mediante un rodeo. Aun más que la injusticia, el rodeo de producción caracteriza la economía moderna. Jean-Pierre Dupuy escribe al respecto: “Algunos trabajan por ejemplo en la producción de instrumentos de muerte con el fin de obtener un “valor” – su salud – que hubieran en gran medida podido producir de manera autónoma, llevando una vida más sana e higiénica”[5]. El “rodeo de producción” – dar pasos atrás para brincar mejor o sembrar parte de sus granos en vez de comerlos - es inherente a la inteligencia humana, pero todo indica que la finalidad de la sociedad industrial ya no es la producción en sí, sino la producción de rodeos de producción, es decir la producción de “trabajo” o mejor dicho, de “necesidad de trabajo”. Si es así, añade Dupuy, la sociedad industrial se ha vuelto estúpida a fuerza de ser inteligente. Antes del otoño pasado, tanto la injusticia inherente a la economía como el alargamiento de los rodeos de producción se justificaban con el argumento que, al crecer el montón de dinero, de bienes y de empleos, finalmente, habrá para todos.

En este artículo quiero exponer dos cosas distintas. La primera concierne los justificados temores respecto al crecimiento de las injusticias que acompañará inevitablemente eventuales ajustes estructurales del sistema económico. Es posible que, en cuestiones de meses o años, los pilotos de la máquina económica la logren sacar de la zona de turbulencias en la que se encuentra, pero, de ser así, en nombre de la seguridad, se habrán aumentado los niveles de control, de persecución de las autonomías y de represión de las disidencias, reduciendo aun los márgenes de libertad de los ciudadanos como usted y yo. Pero hay otra realidad, más profunda, para cuya denuncia apenas empiezan a existir palabras. Esta realidad es una guerra que, en América, se desató con la Conquista: la guerra contra la subsistencia de los pueblos. Como lo decía Michel Foucault, se asemeja a un combate entre un vulgar jarro de hierro y una magnífica cerámica. Es la guerra entre la economía y la subsistencia. Para analizar ésta guerra, hay que ir más allá del calificativo “capitalista” y criticar lo que califica: la economía misma, es decir toda asignación de recursos limitados a fines alternativos (lease “ilimitados”), toda creación de valores bajo la presión de la escasez. En el momento en que se define la economía en términos de valores y de escasez, es irremediablemente “capitalista” y querer redimirla mediante la intervención del Estado no cambia su naturaleza. “No es posible proclamar en tono perentorio que la economía debe volver a ponerse ‘al servicio del hombre’, haciendo valer que, ya que emergió de nuestras acciones, podemos corregir sus fallas como las de una herramienta. Tampoco podemos afirmar, como lo hace cierta política contestataria, que la economía es una máquina manipulada en la sombra por unos seres malvados y que, deshaciendo nos de ellos, haremos que se ponga otra vez enteramente a nuestra disposición”[6]. Rehumanizar la economía me parece tan utópico como volver el automóvil amigable con los peatones. Lo que no puede ser cambiado de fondo se debe contener, un tema que quiero esbozar a la hora de hacer unos comentarios más sobre la guerra contra la subsistencia. Pero antes, abordemos la cuestión de las injusticias inherentes a la economía y su crecimiento en la óptica de los historiadores de la economía.

Himalayas de riqueza al lado de abismos de miseria

Ahora, hasta el más ciego de los economistas empieza a ver que la economía es una máquina para producir niveles increíbles de riqueza al lado de simas de miseria. Esta última frase requiere algunas explicaciones. Primero, empezando otra vez por el final, hay que decir muy claramente que la miseria no es la pobreza: históricamente es su opuesto. O mejor dicho, la miseria moderna difiere mucho de la pobreza tradicional. Por un lado, es el resultado de la negación y de la persecución de la pobreza y de su cultura de la mutualidad. Por otro lado, la economía formal, la que se enseña en las universidades y se sirve cada vez más en salsa matemática, es una ceguera selectiva adquirida: el economista que se atrevería a quitarse las ojeras exigidas por su oficio dejaría ipso facto de ser economista, como le ocurrió a mi amigo Jean-Pierre Dupuy que, a fuerza de investigar los fundamentos epistémicos de su ciencia, la economía matemática, descubrió que sus formulas celan situaciones que se parecen más a la violencia sacrificial que a la toma en cuenta de todos los “concernimientos”. Dejó de ser economista y se hizo filósofo[7].

Me imagino que en años venideros, los historiadores de la economía se sorprenderán de que los economistas de antes del desvelamiento del 2008 no veían lo que los fundadores de la tradición liberal – los primeros “economistas” en el sentido moderno – veían con toda claridad. Es que éstos pioneros de la economía moderna de fines del siglo XVIII no se consideraban economistas profesionales en el sentido de hoy, sino pensadores generales, que eran también filósofos – como Burke – conocedores de los sentimientos humanos – como Smith – hombres políticos – como Townsend – o empresarios capaces de sacar provecho hasta de las cárceles – como Bentham. La frase que da prurito a los delicados economistas de hoy cuando la pronuncio frente a ellos no hubiera chocado ni a Burke, ni a Townsend ni a Bentham, pero quizás al refinado Adam Smith, amigo de moralistas y teólogos de la gran tradición escocesa. Hé aquí ésta frase:

La economía moderna es una máquina de producir simultáneamente montones de riqueza ni siquiera imaginables por nuestros ancestros y abismos de miseria que tampoco conocieron.

La podemos reformular de varias maneras, por ejemplo: “La miseria acompaña la riqueza como la sombra acompaña la luz”. “La economía ofrece a los hombres llevarlos hacia la abundancia al tiempo que fomenta las formas de escasez que serán la base de nuevas formas de miseria”. “Entre más riqueza ostenta una sociedad, menos sus miembros serán capaces de las relaciones de mutualidad que eran naturales entre los pobres históricos y eran la base de sus redes de subsistencia”. O, en palabras de John M’Farlane, en sus meditaciones sobre la pobreza en la nación más rica del siglo XVIII: “No es en las naciones estériles y bárbaras que hay más miseria, sino en las más prósperas y civilizadas”[8].

Creo que se empieza a entender. Una nación rica debe suprimir sus propias relaciones de subsistencia para que zumban los motores de su economía. Contrariamente al agua que impregna todo el café en una percoladora, la abundancia de los ricos no penetra la sociedad hasta llegar hasta los pobres, como lo creía Adán Smith. Bentham, el primer empresario que logró realizar ganancias en la administración de una casa de pobres organizada como una prisión modelo, nunca dio crédito a la ingenua teoría smithiana de la “percolación” de las riquezas con la cual, antes del desvelamiento reciente, se habían vuelto a persignar muchos economistas modernos. Con un cinismo franco que restaría votos a cualquier político contemporáneo, Jeremy Bentham pudo afirmar que la tarea del gobierno no consiste en aliviar la miseria sino en incrementar las necesidades de los pobres para volver la sanción del hambre más eficiente. Urgió a los ricos extraviados en la benevolencia reconocer que “[e]n el estado de prosperidad más elevado, la gran masa de los ciudadanos tendrá probablemente pocos recursos fuera del trabajo diario y estará siempre al borde de la indigencia”. El filósofo Edmund Burke, autor de una teoría de lo sublime, abunda en éste sentido, pues, sólo la amenaza de la miseria y del hambre permite a los hombres que su condición destina a los trabajos serviles aguerrirse a los peligros de las guerras y la intemperie de los mares: “Fuera de los apuros de la pobreza, ¿qué podría obligar a las clases inferiores del pueblo a enfrentar todos los horrores que les esperan en los océanos impetuosos y los campos de batalla?”[9]. Por si acaso aún no lo hubieran entendido, el filósofo de lo sublime recalca que todas la veleidades de socorrer a los pobres provienen de principios absurdos que profesan cumplir lo que, por la misma constitución del mundo es impracticable: “Cuando afectamos tener piedad por esa gente que debe trabajar – sino el mundo no podría subsistir – estamos jugando con la condición humana”[10]. Por tanto, explica, la verdadera dificultad no es socorrer a los hambrientos, sino limitar la impetuosidad de la benevolencia de los ricos. La voz del reverendo Joseph Townsend es consonante con la de éstas autoridades filosófico-económicas: “El hambre domará a los animales más feroces, enseñará la decencia y la civilidad, la obediencia y la sujeción a los más perversos. En general, sólo el hambre puede espolear y aguijar a los pobres para hacerlos trabajar”[11].

Ahora bien, la Iglesia pidió sucesivamente perdón a los judíos por haberlos perseguido, a Giordano Bruno por haberlo quemado vivo, a Galileo por haberlo condenado al arresto domiciliario, pero la Economía nunca pidió perdón a los pobres. Hoy, aprendió simplemente a disfrazar su cinismo estructural atrás de una máscara de evergetismo, entendiendo ésta última palabra en su sentido literal de comisión del bien, añadiendo: ostentosa y desde las cumbres del poder.

El desvelamiento de lo que los fundadores de la economía veían con claridad y que sus seguidores hacían profesión de ignorar

Lo que llamamos “la crísis” es un momento en que la lotería económica tiene menos premios de consuelo para los más pobres y en que la ventaja de de los jugadores medianos se reduce cada vez más, mientras que la suerte de los astuciosos de ayer se juega nuevamente en la bolsa y produce, por un lado, nuevos pobres y, por el otro, un nuevo tipo de riqueza que ya no se evalúa en cantidades aritméticamente identificables sino en números que, para el hombre común, suenan imaginarios: zillones. En México, país otrora orgullosamente pobre, alimentamos el segundo o tercer zillonario del mundo, una hazaña digna de figurar en el Guiness. No he encontrado estadísticas confiables sobre la disparidad de los ingresos en México, pero he aquí un dato americano: el grupo de los tres cientos mil americanos más ricos gana en conjunto tanto cómo ciento cincuenta millones de sus conciudadanos más pobres. A escala del mundo, se dice que los 500 individuos más ricos del mundo ganan tanto cómo los 416 millones más pobres. Mientras tanto, los gastos militares globales – según el Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz de Sockholm (SIPRI) – representaron un montón de 1.339 millones de dólares en 2007[12]. Para clausurar ésta danza de los números locos, citemos un dato muy publicitado del Banco mundial según el cual los pobres representarían actualmente 56% de la población del mundo: 1.200 millones viven con menos de un dólar al día y 2.800 millones con sólo un dólar o menos[13]. Otra vez, la objetividad fría de los números oculta una realidad más inquietante: por cierto, la disparidad entre los ingresos no deja de crecer en todo el mundo. Pero, lo que no dicen el Banco ni la ONU ni los economistas porque no parecen tener conceptos para expresarlo es que, hace medio siglo, la mayoría de los hombres aun disponían de saberes y de medios de subsistencia que les permitían vivir dignamente en la pobreza, mientras hoy, dependen cada vez más de un Mercado que los arroja a la miseria. ¿Por qué? ¿cómo? Quizás un dato como éste nos pueda poner en el camino de una explicación: Según uno de los documentos presentados a la Conferencia de los Jefes de Estados de Johannesburgo en 2002, el conjunto de los países industriales del Norte otorgaron el año anterior a sus agricultores una subvención de 350 mil millones, o sea mil millones cada día, para permitirles exportar sus productos agropecuarios en los países pobres, volviendo estos dependientes de alimentos cuyo precio se juega en la bolsa. Éste dumping legalizado por los poderes económico-políticos, sancionado por evergetas (bienhechores) profesionales y las instituciones que los emplean ha contribuido a destruir la base de subsistencia de los pobres y lo sigue haciendo más que nunca. ¿Y que oímos, ahora que los precios de los granos y otros alimentos básicos en los grandes mercados suben, después de haber sido a la baja durante casi treinta años? Incrédulos, oímos a algunos dirigentes políticos del Sur anunciar que, para que sus pueblos sigan comiendo, bajarán o suprimirán los aranceles sobre los alimentos importados. ¿No hemos de reconocer aquí una vieja estrategia de los monopolios capitalistas? Cuando la guerra de los precios ha eliminado a los competidores, ¿para qué mantener bajos los precios de lo que la gente deberá comprar de todos modos si quiere sobrevivir en un mundo en que los productores autónomos son tratados como discapacitados? Otro dato: hoy en los Estados Unidos, prototipo de los países con agricultura subvencionada, la mayoría de los más pobres no dedica más del 16% de sus ingresos a la alimentación, mientras que, en los países del Sur, muchos hogares pobres ya gastan la mitad de sus ingresos para comer y algunos ya 75%. Todo pasa como si el capitalismo estuviera preparando un gran paupericidio[14]. Pero ésta siniestra perspectiva sólo podrá volverse realidad en la medida en que cedamos al miedo. Mis amigos y yo esperamos que la “crisis” será un estímulo a la reflexión sobre las verdaderas opciones políticas. Entendemos que, para que la “crisis” se transforme en la crisis que podrá permitir al sistema económico proceder a los “ajustes estructurales” sin los cuales no sobrevivirá, tiene que ser todo el contrario de una opción política. Tiene que desembocar en un pánico - si me perdonan el pleonasmo - general. Sólo éste pánico podrá transformar la “crisis” en crisis, y sólo una gran crisis puede hacernos tragar las nuevas inequidades, disparidades e injusticias, las nuevas dependencias y los nuevos despojos que los mecánicos de la máquina económica mundial juzgarán necesarios para volver a ponerla sobre sus rieles. El capitalismo es dos cosas: 1. esa máquina económica mundial en sí, 2. la creencia que no hay manera de sobrevivir fuera de ella.

Por lo tanto, no se trata aquí de demostrar la “falsedad” de los teoremas económicos ni de las teorías de, digamos, los premios Nobel de economía que año tras año se nos invita a festejar. Estos teoremas y teorías funcionan mientras se mantienen políticamente las condiciones de escasez sin las cuales no hay formación de valores económicos. El pensamiento político sobre la economía debe abordar la pregunta de fondo que es: ¿que lugar estamos dispuestos a dar en nuestras relaciones comunitarias y sociales a un domino regido por las leyes de la escasez? ¿Debemos seguir permitiendo que contamine todas las relaciones por su lógica utilitarista, o debemos contener ésta dentro de límites que le impidan destruir el conjunto de la sociedad, transformandola en “disociedad” o sociedad disociada, según la expresión de Jacques Généreux[15]?

El otro lado de la luna

Eso plantea la cuestión del “exterior” de la economía en su sentido moderno, puesto que, si algo ha de contenerla, le es necesariamente exterior. El dilema que estoy evocando aquí es superficialmente análogo a lo que fue la cuestión de la otra cara de la luna para los astrónomos de antes de los viajes espaciales: todos sabían que existe, pero nadie la había visto. La analogía es superficial, porque la otra cara de la economía, todos la han visto, pero, casi todos, sin reconocerla. Escuchen a los comensales que madrugan en los bares en los que han bebido toda la noche: “¡Ándele, compadre, no me desprecie, acepte ésta “última” copita!”. Parecen moverse en un mundo paralelo en el que, en cada intercambio, hay que dar más de lo que se recibe, hasta aplastar al otro bajo despliegues agonísticos de generosidad. En su Ensayo sobre el don[16] , Marcel Mauss da éste ejemplo como ilustración de una característica general de los intercambios en la abrumante mayoría de las sociedades preindustriales y premodernas: había siempre que devolver más de lo que se había recibido. Frente a este dato antropológico elemental, la economía moderna, el “capitalismo”, llámese “neo-liberalismo” o, más generalmente, “utilitarismo”[17], es la anomalía antropológica que invierte diametralmente las prácticas tradicionales. Lejos de ser la norma de la cual desviarían las sociedades del pasado, es la desviación erigida en “norma” por la arrogancia de la mentalidad moderna. Es la locura antropológica vestida de razón económica[18].

Ahora que la economía, al arrojar al borde de la miseria hasta a personas otrora prosperas, es más que nunca causa de sufrimiento, la actuación pública de los economistas se parecerá cada vez más a la de los médicos. Al respecto, otra intuición de Ivan Illich nos puede encaminar hacia lo que se puede y lo que no se debe hacer. Como si fueran doctores, los economistas ya pretenden interpretar el malestar de los nuevos pobres con un conjunto de reglas abstractas que sus clientes-pacientes no pueden ni deben comprender. Los instruyen acerca de entidades desencarnadas representadas por curvas y palabras de plástico. Con ello, los economistas intentan franquear un nuevo umbral en la colonización del lenguaje y las personas afectadas por males que ellos contribuyeron a crear quedan aún más privadas de palabras significativas para expresar su angustia frente a expectativas que se cierran.

Contra la mistificación lingüística

El lingüista Uwe Poerksen, quien estudió las “palabras de plástico” con las cuales se hacen muchos discursos económicos y políticos[19], me regaló un pequeño aparato que combina al azar palabras claves de los discursos contemporáneos para formar frases que se parecen a sentenciosas declaraciones de doctos científicos. En seguida, mezclé algunas frases aleatorias producidas por mi aparato con frases pronunciadas por economistas reales. Invito a los lectores a distinguir cuales frases son productos de mi aparato y cuales lo son de cabezas científicas. “Las preferencias organizacionales que guían los mecanismos de cobertura democrática de la deuda externa deben ser más constructivas”. “Una justicia competitiva amigable con todos los actores de la economía exige un debate sobre sus futuros bursátiles”. “Hubiera sido mejor si los afectados por la crisis bursátil hubieran reestructurado sus documentos crediticios antes, y no después de su vencimiento”. “Con su ideología de crecimiento cero, los ecologistas objetores de consciencia al desarrollo han caído a una utopía fundamentalista que perjudica la reestructuración de los portafolios bursátiles perdedores”. “Las reformas estructurales para evitar el estancamiento en la recesión deben permitir el ingreso de más capitales extranjeros y revisar el esquema de derechos patrimoniales de los ejidos para que se puedan enajenar (vender) o dar en garantía para créditos”.

¡Encanto discreto de los saberes ecnómicos! Para cualquier ciudadano aún desprovisto de inmunidad a las noticias, estas frases evocan la melodía, sino las palabras exactas, de las letanías del capitalismo cotidiano televisivo. Pero la crítica de la mistificación profesional y programada del lenguaje debe ir más allá de la crítica al capitalismo. Doy razón a Ivan Illich: debe ser epistemológica. Subyacente a la expropiación legalizada de la plusvalía del trabajo, a la lucha de clases y a la acumulación del capital, hay una guerra epistémica quizás más fundamentales que todas las otras: una guerra entre saberes cuya forma histórica es la guerra contra la subsistencia.

Guerras epistémicas

Atrás de los conflictos en torno a la repartición desigual de lo que aún se llama “riqueza” hay una pugna despiadada entre dos tipos de saberes. Los primeros son empíricos, generalmente transmitidos oralmente, locales y concretos. Los segundos son formalizados o hasta matematizados, conservados por escrito, desterritorializados, desmaterializados, de pretensión universal y abstractos. En la sociedad contemporánea, son los segundos que dan prestigio, hacen parecer inteligentes a los que los detienen y dan prestigio y poder. Los primeros han sido tildados de ”arcaicos”, “despreciables”, provincianos. Los segundos se catalogan como “científicos” y los primeros como retrógrados y obsoletos, o se catalogaban así hace medio año. Son saberes de subsistencia que permiten vivir a partir de lo que nos dan el suelo, el cielo y las aguas. Los segundos son saberes económicos que permiten obtener de otros, frecuentemente muy lejanos, de hecho, lo más lejanos posible, los elementos de nuestra subsistencia. Los primeros presuponen capacidades únicas, apropiadas a un lugar, una cultura, un clima: autonomía. Los segundos prosperan cuando el mundo parece haberse transformado en un desierto cultural, un espacio “sin fuegos ni lugares”, abstracto, son heterónomos, falsamente universales, desarraigados de todo suelo, toda materia, toda carne. Son los que se enseñan en las universidades – las universidades “transgénicas” de los ricos, como dijo el Comandante Tacho – y los que abren al éxito profesional, político, científico y social que buscan las elites. Los primeros saberes son los de la gente humilde que no ha roto del todo con su anclaje en una tradición local.

He mencionado estos dos tipos de saberes en guerra en su orden de prioridad verdadero, pero para que se reconozca ésta prioridad esencial, se requiere una inversión institucional radical: la economía formal, dominio de la escasez y de los saberes de segundo rango, heterónomos y desencarnados, debe ser contenida por los saberes de primer rango que permiten crear una cultura material y subsistir de ella. Lo que llamamos aun economía y que es lo opuesto de los que Aristóteles llamaba administración de la propia casa (oikonomía) debe ser contenido. En los dos sentidos de la palabra, como dice Jean-Pierre Dupuy. En ésta contención y ésta inversión deposito mis esperanzas terrenales.



[1] México: Joaquín Mortiz/Planeta, 1984 [1978 para la edición inglesa, 1978 para la primera edición española], p. 222. Consultase también en Obras reunidas, vol. 1, México: Fondo de Cultura Económica, 2007.

[2] Ibid.

[3] Considerando a los agentes económicos individuales más que a las empresas, una economía perfectamente eficaz aseguraría compensaciones perfectas de los “costos” de cualquier tipo o, en palabras del economista matemático Serge-Christophe Kolm, tomaría en cuenta todos los “concernimientos” de los participantes en el mercado. Ver: Serge Christophe Kolm, “Décisions et concernements collectifs: contribution à l’analyse de quelques phénomènes fondamentaux de l’organisation des sociétés », en Analyse et Prévision, IV, 1967, p. 483-497. La idea de una economía perfectamente eficaz es evidentemente una utopía y, en mi modesta opinión, una utopía peligrosa.

[4] Más o menos inspirados por un principio de la teoría de la justicia de Rawls – ver John Rawls, A Theory of Justice, Cambridge: Harvard University Press, 1999 [1971] muchos economistas afirman que una sociedad, concebida como una totalidad aislada de las otras, debe mantener un nivel de injusticia “óptimo” en el sentido que ésta injusticia óptima debe ser estructurada de tal forma que sea benéfica para los menos aventajados.

[5] Jean-Pierre Dupuy, Pour un catastrophisme éclairé. Quand l’impossible est certain, Paris : le Seuil, 2002, p. 38, 39.

[6] Florence Aubenas y Miguel Benasayag, Résister c’est créer, Paris: La Découverte, 2002, p. 109.

[7] Jean-Pierre Dupuy, comp., Dans l’oeil du cyclone. Colloque de Cerisy, Cerisy, Paris : Carnets Nord, 2008.

[8] Ver también: John M’Farlane, Enquiries concerning the Poor, 1772.

[9] Edmund Burke, Thoughts and Details on Scarcity, 1795.

[10] Ibid.

[11] Joseph Townsend, Dissertation on the Poor Laws, 1784.

[12] Le Monde, 11 de junio 2008.

[13]Deepa Narayan, Moving out of Poverty: Cross-Disciplinary Perspectives on Mobility, New York: Palgarve, Macmillan, Banco Mundial, 2007. Recientemente, dos autores han criticado la definición de las personas por lo que NO son, NO tienen, NO ganan y la ignorancia de sus verdaderas capacidades, su potencia, su conatus. Ver Majad Rahnema y Jean Robert, La Puissance des pauvres, Arles : Actes Sud, 2008, libro en el cual algunas de las ideas expresadas en éste articulo se encuentran en forma más elaborada.

[14] Ver las estadísticas presentadas por Frances Moore Lappé, World Hunger: 12 Myths, New York: Grove Press, 2004 y Getting a Grip:Clarity & Courage in a World Gone Mad, Chelsea Green Publishing, 2007. El dumping practicado mediante subsidios a los agricultores de los países ricos no dista mucho de parecerse a una operación de envergadura mundial para asfixiar a todos los pobres, particularmente a los campesinos de subsistencia. Sin embargo, los datos destinados al público insisten en que, en las condiciones de “urgencia” actuales, sólo una agricultura modernizada podría llegar a alimentar toda la población mundial. Lo que callan los manipuladores de datos es que, hasta recientemente, la agricultura tradicional era capaz de dar de comer a la mayor parte de la gente y que, aún en su estado actual de modernización parcial, la agricultura mundial produce lo suficiente para dos veces la población total del mundo.

[15] La Dissociété, Paris: Seuil, 2006.

[16] Ensayo sobre el don. Forma y razón del intercambio en las sociedades arcáicas, 1925.

[17] Ver las críticas al utilitarismo del M.A.U.S.S. (Mouvement Anti-Utilitariste en Sciences Sociales). Consulte La Revue du M.A.U.S.S. , Paris: Éditions de la Découverte en una biblioteca universitaria.

[18] Para mí, la iniciación clásica a lo extraño de la normalidad económica moderna es Karl Polanyi, La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. Madrid: La Piqueta, 1992 [1944] o México: Fondo de Cultura Económica. Ambas ediciones corrigen y mejoran la primera y pionera edición de ésta obra al español por la editorial porteña Claridad de 1947.

Por un autoafirmado “discípulo” de Polanyi - autor además del prefacio de la muy tardía traducción de ésta obra al francés - , Louis Dumont, Homo aequalis: Génesis y apogeo de la ideología económica, Madrid: Taurus, 1982.

Entre los autores contemporáneos que han mantenido viva la tradición que, desde Aristoteles, sostiene que la “administración de la casa” (todo lo que cubren los verbos oikonoméô y oikodoméô) es radicalmente distinta de toda crematística, definida por Aristóteles como el estado de espíritu fuera de proporción del que entra en intercambios con la intención de obtener más de lo que da y de acumular bienes más allá de todos lo principios de satisfacción – necesariamente limitada - y de saciedad – rápidamente alcanzada - destacan:

Los pioneros: Alexandr Chayanov, The Theory of Peasant Economy, Homewood, Richard D. Irwin para la American Economic Association, 1966. Chayanov fue ejecutado en 1937 por su oposición tildada de “revisionista” al muy economicista kolkhose, - productor de valores de cambio más que de uso -promovido por los partidarios del capitalismo de Estado disfrazado de socialismo. En 1987, Chayanov fue rehabilitado en Moscú a iniciativa de Gorbachov en una ceremonia presidida por el profesor Teodor Shanin que pudo declarar que, al asesinar a Chayanov, el socialismo soviético se había suicidado; ver el sitio de Teodor Shanin. Julius Herman Boeke, Economics and economic Policies of Dual Societies as Examplified by Indonesia, New York: Institute of Pacific Relations, 1953. François Partant, La Fin du développement: naissance d’une alternative, Paris: La Découverte, 1982.

[19] Plastic Words, the Tyranny of a Modular Language, University Park: Pennsylvania University Press, 1995, original: Plastikwörter, die Sprache eine internationalen Diktatur, Stuttgart: Klett-Cotta, 1988.