viernes, 16 de octubre de 2009

MIguel Valencia: PONENCIA POR EL DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN 2009

Presentada en Pachuca, Hidalgo, el 16 de octubre de 2009
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Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
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DESDE LA ECOLOGÍA, CONSEGUIR LA SEGURIDAD ALIMENTARIA EN EPOCA DE CRISIS

Ponencia en la celebración del Día Mundial de la Alimentación en Pachuca Hidalgo, el 16 de octubre de 2009

En los años 60 del siglo pasado se inicia en los países industrializados un movimiento frente a la agricultura industrial, la industria contaminante, las ideas del progreso y el desarrollo y en defensa de la naturaleza, la supervivencia humana y la calidad de vida; un movimiento novedoso por su argumentación, composición y formas de lucha que conduce en los años 70 a la emergencia del movimiento verde ecologista internacional. Científicos, pensadores, investigadores, estudiosos de todas las disciplinas y actividades del mundo industrializado percibieron la rapidez de la destrucción ecológica en el mundo y la amenaza que representaban las tecnologías modernas, como los productos químicos y las operaciones nucleares, así como las formas de transporte y urbanización vigentes. Físicos, químicos, ingenieros, arquitectos, médicos, sicólogos, juristas, politólogos y filósofos de renombre mundial se unieron a esta crítica a la modernidad al iniciar los años 70. La agricultura y la alimentación modernas fueron entre sus primeras preocupaciones.

La denuncia de la agricultura industrializada en los famosos libros de Rachel Carson Silent Spring y de Schumacher, Lo Pequeño es Hermoso, revela que los monocultivos obligan al uso masivo de pesticidas en el campo, lo que mata no sólo a las aves, reptiles, batracios e insectos, sino que eleva el contenido carcinogénico de lo que comemos. No se puede, nos dicen estos autores, aplicar la mentalidad industrial en el campo sin enfrentar ominosas contrapartidas; sin enfrentar el desastre económico y ecológico. La naturaleza no soporta la uniformidad que le quiere imponer la mentalidad industrial; así como no hay dos seres humanos iguales, no hay árboles o piñas, o maíces iguales y si se intenta hacerlo, como lo hace la agricultura industrial, la naturaleza reacciona con la proliferación de plagas. La productividad de la agricultura industrial se consigue a costa del agotamiento de los suelos y la muerte de los ríos, lagos, mares y biodiversidad que la rodean. La productividad de la industria es contraria a la productividad social, en términos culturales y ecológicos.

En sus investigaciones, ecologistas de los países ricos y pobres han confirmado la nocividad, los enormes riesgos, de la alimentación producida industrialmente, debido a sus efectos perversos en la salud humana y en la diversidad de especies en la naturaleza. Han señalado hasta el cansancio la destrucción ecológica que se desprende de los cultivos industrializados y de las macro granjas y los macro establos, de la producción de alimentos en gran escala; han advertido de la obesidad, diabetes y otras enfermedades propiciadas por los hábitos modernos de alimentación, con base en alimentos procesados industrialmente. Y han denunciado las insidiosas maneras en que se han introducido cambios radicales en los alimentos que todos consumimos y que pueden ocasionarnos daños a la salud de largo plazo. Las manipulaciones genéticas de los alimentos que consumimos cotidianamente, son acciones irresponsables de empresas multinacionales que desean controlar mercados a cualquier precio. El problema es que los gobiernos están hoy en día muy dependientes de estas grandes empresas.

En los años 70 los países poderosos decidieron, con Henry Kissinguer a la cabeza, hacer la guerra a las formas artesanales de producir alimentos, por medio de un enorme subsidio a la agricultura industrial de sus países; quisieron imponer a todo trance el modelo de agricultura industrial de los países ricos a los países llamados en desarrollo; decidieron hacer la guerra a los campesinos del mundo, con el propósito de controlar a los países pobres por medio de la alimentación; por medio del estomago. Para fortalecer este propósito, en los años 80 impulsaron los tratados de libre comercio utilizando, para imponerlos, el pretexto de la productividad agrícola y el hambre en el mundo; el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, firmado en 1994, fue el primero de este tipo, por lo que al final de los 90 empezaron a entrar a México grandes cantidades de cereales de baja calidad a muy bajo precio. Paralelamente, se diseñaron tecnologías para reducir el uso de pesticidas en el campo, con la ayuda de la biotecnología: la industria química ligada a la agricultura inició lo que se llama en filosofía una fuga hacia adelante, con tal de preservar la agricultura industrializada: se introdujeron los organismos genéticamente modificados: los OGM o transgénicos. Por otra parte, al iniciar el siglo XXI, un grupo de empresas transnacionales, como Archer Daniells, Cargill, Unilever y otras comienzan a acaparar los alimentos que se producen en el mundo y a controlar su producción. Se disparan mundialmente los precios de los alimentos a partir del 2007.

A principios de los años 90, se reconoce internacionalmente la existencia de importantes irregularidades climáticas; en 1992, en la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro se aprueba la Convención del Cambio Climático que condujo a la aprobación del Protocolo de Kyoto en 1997. Este instrumento pretende reducir las emisiones que provocan los gases de efecto de invernadero que originan el cambio climático. Prácticamente nada se ha conseguido hacer internacionalmente para mitigar el cambio climático; la oposición de EUA y de las multinacionales ha frenado cualquier avance en este sentido. Al inicio de este siglo, cada año se difunden nuevos datos revelados por los científicos de Panel Internacional, en los que confirman mayores aumentos en las temperaturas y los enormes daños para la vida en la tierra que pueden desprenderse de este proceso degenerativo. Preocupa de sobremanera a los científicos las consecuencias que tendrá este aumento de temperaturas ya que con sólo dos grados pueden desaparecer los bancos de coral y con cuatro grados de aumento puede desaparecer un alto porcentaje de especies. En estos momentos, el cambio climático cuesta ya más del 3 % del Producto Interno Bruto, a muchos países, como México. Uno de los efectos negativos del cambio climático reside en su influencia en la producción de alimentos, ya que se han modificado sustancialmente los climas del mundo; en algunas partes tiende hacia la desertización, como es el caso en México en los estados del norte o tiende a llover más y mas irregularmente como sucede en ciertas zonas tropicales de México. Sequias e inundaciones crecientes parece ser una de las consecuencias del cambio climático. El cambio climático tiene el potencial de acabar con la mayor parte de la humanidad en este siglo. La mitigación del cambio climático es una tarea fundamental de todas las personas conscientes de la Tierra., muy ligada a la defensa de la seguridad alimentaria.

En el siglo XX se disparó el uso del transporte en el mundo, muy especialmente en las ultimas décadas, creció espectacularmente el uso del automóvil, del avión y de los trenes rápidos, con lo que se dispararon las emisiones de efecto de invernadero al punto de que se volvieron una causa central del cambio climático, junto con la producción de carne roja; pero, mucho de este crecimiento desbocado lo produjo la globalización, apoyada en el libre comercio. En la Unión Europea se inicia en los años 80 un acelerado proceso de deslocalización de la producción y el consumo, no sólo de alimentos, sino de todos los productos industriales; se dejaron de producir alimentos para el país y se dejaron de consumir los alimentos que el país producía; ya casi ningún país produce lo que consume; casi ningún país consume lo que produce; los alimentos en el mundo viajan cada año mayores distancias y tiene un origen cada día dudoso y más peligroso para la salud humana; en las exportaciones se mezclan semillas diseñadas para consumo animal con las de consumo humano( transgénicos) ; se alimenta al ganado – herbívoro- con desechos de carne animal ( vacas locas); en las granjas se administran grandes cantidades de antibióticos a las aves, cada día mas débiles debido a la falta de diversidad biológica. La Red mundial de cocineros, de chefs y gourmets, Slow Food, documenta el continuo desplome mundial en la calidad de los alimentos y la decadencia mundial en los hábitos de comida: cada día se come más rápido – fast food- con menos diversidad de alimentos y menor calidad. La amenidad de la comida se pierde en el mundo, por la industrialización de la vida humana y la pérdida de identidad cultural.

La producción de alimentos en el mundo, desde hace mas de doscientos años, ha estado basada en tecnologías para producirlos en gran escala, bajo el control de grandes emprendimientos públicos o privados; esta producción en gran escala ha estado en guerra desde entonces contra la producción de alimentos vernácula, artesanal, en pequeña escala, sustentada en saberes ancestrales; ha estado en guerra contra la vida campesina; la agricultura industrializada, dizque productiva, ha sido enormemente subsidiada por los gobiernos, en la creencia descaminada de que representan una mejor forma de garantizar la producción de alimentos. La historia de la agricultura en los últimos 50 años, si algo muestra, es el fracaso de la tecnología moderna en este rubro: los alimentos cada día son de peor calidad; las enfermedades derivadas del consumo de alimentos industrializados proliferan; los precios de los alimentos empiezan a estar demasiado caros y amenazan seguir en aumento en los próximos lustros; la superficie cultivable en el mundo disminuye; los hábitos alimenticios generados por la industrialización de la vida destruyen la salud y la convivencia humana. Ahora se presenta una nueva amenaza: la amenaza de los agro comubustibles que viene a encarecer los alimentos; el alimento de los autos, como otrora el alimento de los grandes mamíferos viene a encarecer los alimentos de los pobres.

La crisis económica tiene su origen en el gran descontrol de las finanzas mundiales de los últimos 15 años, pero, también tiene su origen en el final de la época del petróleo barato; se agotan rápidamente los grandes yacimientos de petróleo en el mundo. Tenemos por delante unos años de gran incertidumbre y de enormes riesgos; estamos al final de una época y en el umbral de grandes cambios en la economía y en la política mundial. Están en crisis las finanzas y la economía del mundo, pero, también están en crisis la ecología, la seguridad, la salud, la educación, la tecnología y la cultura; todas estas crisis están ligadas y se retroalimentan, al punto de que nos acercamos peligrosamente al colapso o a la catástrofe mundial. Sin embargo, depende de lo que hagamos que la catástrofe no suceda.Es necesaria otra mirada en todas las actividades directamente ligadas a la alimentación humana; en los hábitos alimenticios; en las formas de preparar los alimentos; en las formas de producirlos y de comercializarlos. Desde hace unos 30 años avanza en el mundo esta otra mirada; esta otra forma de entender la producción y el consumo de alimentos.

Cómo conseguir la seguridad alimentaria en época de crisis

La seguridad alimentaria está directamente ligada a la forma de producir los alimentos; paradójicamente, la producción en pequeña escala, realizada por millones de personas en sus terrazas, azoteas, jardines, huertos o parcelas, garantiza la seguridad alimentaria en época de crisis, así ha sido en las grandes épocas de crisis de seguridad, en las guerras y en las hambrunas. Así sucedió en las pasadas guerras mundiales y a la caída de la Unión Soviética; así ha sido por miles de años en el mundo. La mayor parte de las personas pueden hacer pequeños cultivos con grandes beneficios espirituales, culturales, ecológicos, sanitarios y económicos. No importa si es en el campo o en la ciudad, en todos lados se puede cultivar un poco. A pesar de que individualmente se pueden cultivar los alimentos, la mejor forma de cultivar alimentos puede ser comunitaria o municipal, para facilitar los intercambios y la división del trabajo; los acuerdo comunitarios o municipales de cultivo pueden hacer florecer esta forma de producir alimentos que son, evidentemente, en su mayor parte para consumo local y no para su envío a lejanas tierras. Sólo aquellos alimentos muy especiales, para las festividades, deben viajar a lejanas.

Existen desde hace unos 30 años grupos que han impulsado cultivos en pequeña escala y que tienen cada día más popularidad en los países enriquecidos: los cultivos ecológicos, como la permacultura, los "orgánicos", señalan esta tendencia; sin embargo, otros grupos se han dedicado a recuperar aquello que tiene el respaldo de siglos de ensayos y experiencias: los cultivos realizados con saberes y técnicas milenarias; los cultivos que permitieron que hasta hace unos doscientos años la humanidad conservara en buen estado un gran cantidad de selvas, bosques, ríos, lagos, manglares y un sinnúmero de especies; los cultivos que dieron origen a la vida campesina que todavía tiene un lugar preponderante en el mundo y que todavía puede venir al rescate de la producción de alimentos de buena calidad y a bajo precio.

La producción de alimentos en pequeña escala fortalece la autonomía de una persona, familia, comunidad, región o nación; en la medida en que tendrán seguridad alimentaria; nada puede implicar menos costos de producción de alimentos que los que se producen en la localidad; nada puede garantizar la calidad de los alimentos que su consumo por la misma comunidad que la produce; nadie puede garantizar la calidad y cantidad de los alimentos producidos en lejanas tierras; dejar nuestros estómagos en las manos de especuladores extranjeros o nacionales es una actitud suicida; cada comunidad, cada región, cada nación debe producir los alimentos que consume.

jueves, 15 de octubre de 2009

Sitopía, nueva visión de las antiguas costumbres.


En el pasado, lo normal era sentarse a la mesa a comer con la familia, los amigos, o la comunidad a la que pertenecíamos. Charlar, intercambiar experiencias y socializarse. El centro de la comunidad y de la familia giraba en torno a la comida, nuestro sustento.

Hace más de 200 años, con la revolución industrial, llegó también la revolución social del hogar. La industrialización acabó penetrando muy rápido en sectores como la alimentación y la vida social.
Hoy en día, la familia no se reúne en muchos casos ni siquiera alrededor de la mesa. Trabajan uno o los dos progenitores fuera de casa. Comen en el trabajo, y quizás los niños también en la escuela. Los hijos se echan todo el día fuera de casa, en la escuela, con los amigos, las actividades extraescolares, etc. Llegan a casa y en muchos casos tampoco cenan con sus padres, pues estos llegan tarde del trabajo, o sus horarios no compaginan.
Todo este descontrol ha traído los siguientes problemas:
  • Una vida de estrés diario y continuo que nos afecta directamente a la salud.
  • Una precaria educación social, ética y moral para los hijos.
  • Una precaria alimentación fuera de casa y con comida rápida o industrial.
  • Un deterioro progresivo de la salud.
  • Un deterioro claro del entorno familiar y la unidad del hogar.
  • Una sensación enorme de vacío y falta de sentido a nuestras vidas.
Además de todo esto, el ritmo de vorágine consumista en el que estamos envueltos, hiere de muerte cada día a nuestro entorno y a nuestro planeta. Para llenar ese vacío que sentimos recurrimos a las cosas materiales, el dinero, los lujos, etc, pero no nos percatamos de que estos no son más que un placebo temporal a corto plazo.

Carolyn Steel en su libro "Hungry City" nos describe un concepto que ya se está convirtiendo en una realidad: Las ciudades acabarán pasando hambre. A primera vista puede parecer alarmista, pero lo cierto es que hay millones de personas ya están pasando hambre en las ciudades. Una superpoblación de las mismas, llenas de gente que no produce sus propios alimentos, está llevando a una súper explotación de los campos con sistemas agrícolas insostenibles y dependientes del petróleo, está minando los recursos hídricos y naturales de nuestros campos. Además, el cambio climático acelerado por toda la producción de gases de efecto invernadero derivados de nuestro sistema de vida industrializado, provocará todavía más sequías, desastres climáticos y grandes pérdidas de cosechas.

Hoy por hoy, sólo con los desastres naturales que está sufriendo Asia, hay muchas ciudades donde la comida escasea y el precio de los alimentos se ha puesto por las nubes. Esto por no hablar de toda la gente de países subdesarrollados (por culpa del primer mundo) que está pasando verdadera hambre y desnutrición, la vergüenza del S.XXI.


Hay varios conceptos que debemos de tocar para empezar a cambiar toda esta situación antes de que a nivel personal nos pille el toro. Digo a nivel personal, porque parece que a nivel global no sabemos tomar decisiones, cambiar las cosas o dar marcha atrás, por eso la gran revolución de este siglo ha de nacer de la decisión personal del individuo que acabe arrastrando a los demás individuos a tomar medidas. Si esperamos a que nuestros gobernantes, estados, instituciones, etc, tomen medidas, si me permiten la expresión, "estamos jodidos".


Esta es una pequeña lista de puntos que debemos cuidar:
  • Nuestra seguridad alimentaria: No depender de proveedores ajenos a nosotros, desconocidos o lejanos para sobrevivir (importante el concepto de "sobrevivir").
  • Nuestra calidad alimentaria: Saber de dónde viene lo que comemos, como ha sido preparado o cocinado. Somos lo que comemos.
  • Nuestra calidad social: Reunir a la familia, el hogar o los amigos es necesario para nuestra salud física y psicológica. Nadie puede enfrentarse a la barrera de la soledad durante mucho tiempo.
  • Nuestra salud: El estrés, la falta de sueño, la mala alimentación, la "mala leche", los humos, el tabaco, el alcohol excesivo, la comida rápida… todo daña directamente nuestro organismo, y todo nuestro ser, de una manera u otra.
  • La salud y el futuro de nuestros hijos: Una correcta alimentación, una vida social en familia (sea cual sea el concepto de familia), una correcta educación ética y moral en respeto y tolerancia, una correcta educación intelectual.
  • La salud de nuestro planeta: Es nuestra pequeña burbuja en el universo, nuestra pequeña y delicada nave espacial, además de nuestra casa, y nuestro propio ecosistema del cual hemos surgido… si lo destruimos, nos estamos autodestruyendo.
Hay cientos de modelos de vida que podemos seguir, muchos de ellos completamente válidos, pero irónicamente la sociedad occidental autoproclamada como primer mundo, y de naturaleza parásita, ha decidido decantarse por la más destructiva de todas.


Hay muchos movimientos sociales y organizaciones de gente concienciada que están intentando cambiar las cosas, y todos ellos están aportando su granito de arena (más allá del radicalismo que no lleva a ningún sitio en ningún entorno o ideología) para hacer de este cambio una realidad.


Ecologistas, cooperantes humanitarios, movimientos sociales y espirituales, movimientos de alternativas al capitalismo, tendencias slow, agricultores ecológicos, urbanos o permacultores… son algunos de ellos. También se está trabajando en el marco de la política, la economía y las energías renovables. Pero aquellos que tienen el poder, el dinero y el control de los recursos naturales no renovables no están por la labor de cambiar las cosas, y luchar en contra del interés, es complicado… pero no imposible. Entre todos podremos cambiar las cosas, sólo espero que no sea demasiado tarde.


Para terminar me gustaría quedarme con el concepto que Carolyn Steel ha acuñado: Sitopía. Procedente de la unión de dos raíces griegas: Sitos, que significa comida, y Topos, que significa lugar (emulando el concepto utopía, que significa "lugar bueno").


Sitopía es entonces un "lugar de comida" o un entorno creado alrededor de la comida, nuestro sustento, motivo de socializarse, no sólo para consumirla y alimentarnos, sino también para producirla, prepararla, etc.

En experiencias propias y de otros puedo asegurar que el trabajar para producir tu propio alimento hace que necesites de tu comunidad más cercana, tu familia, y lógicamente la producción se convierte en producción de todos los que trabajan en ella, compartiendo nuestro tiempo, nuestra comida, nuestros recursos, nuestras experiencias, etc.


Hay muchos proyectos arrancados por el mundo entero donde se está "reinsertando" al individuo industrializado en comunidades que producen sus propios alimentos con un éxito impresionante, hasta tal punto que la gente que lo ha probado asegura que la experiencia le ha abierto los ojos para "vivir la vida de verdad".


En Galicia, los mayores siempre dicen: "Donde hay comida, hay xente." (Donde hay comida, hay gente).

Fuente: http://www.cityhuerto.es


lunes, 12 de octubre de 2009

EL PARTO DE LOS MONTES: UN NUEVO RELLENO SANITARIO PARA LA CIUDAD DE MÉXICO

Después de años de costosos estudios e investigaciones ordenadas por el Gobierno de la Ciudad de México, en torno al problema de la basura y los residuos sólidos en el DF, este 8 de octubre, ante el pleno de la Asamblea Legislativa, la Sra. Martha Delgado, secretaria del Medio Ambiente del DF, anuncia la intención del Gobierno del DF de construir un nuevo relleno sanitario (o varios) en el estado de México o en el de Hidalgo, para sustituir al Bordo Poniente, próximo a su cierre definitivo. El día anterior, Fernando Aboitiz, secretario de Obras del DF, había manifestado en el mismo lugar que no veía como una "alternativa de corto plazo", el proyecto de construir un centro integral de reciclaje y energía en Tlahuac, "por la oposición vecinal". Qué bueno que se cancela temporalmente este proyecto nefasto para la ecología.
Los llamados "rellenos sanitarios" son trampas ambientales, promovidas por gobiernos y ambientalistas al servicio de mafias empresariales visibles y ocultas que quieren conservar indignos modos de vida y economías enfermas, de alto riesgo ecológico. Estos rellenos impiden la introducción de la separación de los residuos en México ( son contrarios a la Ley de Residuos Sólidos del DF), fomentan el aumento en la producción de residuos tóxicos, de basura y desalientan buenas prácticas ecológicas. Los "rellenos sanitarios" , engendran graves problemas de largo plazo, como el envenenamiento de los acuíferos y el fortalecimiento de las mafias de la basura.
Lo sorprendente es que los estudios e investigaciones fueron realizados por "expertos" reconocidos y muy importantes instituciones universitarias. ¿ dónde está la ética universitaria hoy en día? La Sra Martha Delgado posa como ambientalista radical, viaja una o dos cuadras en bicicleta, consume alimentos "orgánicos" y hasta ofrece conferencias magistrales sobre "basura cero"; los ambientalistas en el poder acaban siempre por aceptar lo que les ordenan sus jefes políticos, a quienes les ofrecen coartadas ambientalistas.
Esta decisión del Gobierno del DF es el parto de los montes; después de muchos temblores y sufrimientos acaba pariendo un ratoncito: el proyecto de un nuevo relleno sanitario- un viejo truco ambientalista- para la Ciudad de México. Con esta decisión, el Gobierno del DF se aleja del proyecto de aplicar medidas adecuadas para la separación de los residuos, como: el acopio y tratamiento de los residuos en cada colonia, ejido o unidad habitacional y la desconcentración y descentralización de la gestión de los residuos en la Ciudad de México. A pesar de sus poses y coartadas ambientalistas, el Gobierno del DF carece de valores ecológicos.
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Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México

jueves, 8 de octubre de 2009

LA OTRA POLÍTICA

Gustavo Esteva

El escándalo por el fallo de la Suprema Corte es legítimo y pertinente. Hacen bien los ciudadanos en mostrar su descontento ante esta legitimación obscena de la violación de los derechos de Lidia Cacho. La reacción, sin embargo, resulta tardía. La Corte desertó hace mucho tiempo de su función. A pesar de algunas intervenciones afortunadas, entró en liquidación no bien tuvo la oportunidad de convertirse en un auténtico órgano de justicia, tras haber languidecido muchos años como apéndice del Ejecutivo.

El punto de flexión se produjo cuando se lavó las manos ante los cientos de controversias constitucionales que se presentaron a raíz de la vergonzosa contrarreforma indígena que produjo el Congreso, contrariando la propuesta de reforma constitucional concertada en los Acuerdos de San Andrés. Esa actuación completó el círculo irresponsable de los tres poderes constituidos: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial faltaron a compromisos del Estado mexicano, no de un funcionario, y se negaron a reconocer a los pueblos indios. Nunca antes una iniciativa de reforma había recibido tanto apoyo. Miles de organizaciones y millones de personas la habían respaldado. No hubo una sola organización que se opusiera a ella. Pero los poderes constituidos desoyeron este clamor nacional para imponer su voluntad excluyente.

El escenario se repite esta semana. Tras el fallo indecente de la Corte vino la decisión de la Cámara de Diputados de aprobar disposiciones que desgarran la Constitución y contribuyen a desmantelar el estado de derecho. Las dos decisiones tienen en común su desprecio por los derechos humanos y tratados internacionales suscritos por México. Felipe Calderón completó el panorama al presentarse vestido de gendarme, la función que parece preferir. Será el encargado de operar esos ejercicios autoritarios.

Mientras esto ocurría en la ciudad de México, una política muy otra se practicó esta semana en San Cristóbal de Las Casas. Se realizó el Primer Coloquio Internacional In Memoriam de Andrés Aubry “…Planeta Tierra: movimientos antisistémicos…”, que hoy concluye con una ceremonia en que se dará conocer un doctorado póstumo para Aubry por su enjundia en la lucha de liberación.

Lo primero que interesa subrayar sobre el Coloquio es la circunstancia en que se organiza. El acoso a las comunidades zapatistas, que nunca ha cesado, se ha intensificado claramente en los últimos meses. En al menos 45 puntos de la geografía zapatista se padecen agresiones cotidianas, que incluyen el intento de despojo de tierras y que reproducen el esquema que definió el horror de Acteal hace diez años: la pretensión de esconder bajo supuestos o reales conflictos entre comunidades la agresión del Estado.

El silencio en torno a estos hechos es significativo. Medios y analistas conspiran con las autoridades en la maniobra que persiste, contra toda razón y experiencia, en el inútil afán de dar marcha atrás a la historia y negar una realidad que les resulta cada vez más incómoda.

En medio de esa tensión, el Coloquio logró reunir a un elenco impresionante de pensadores, del que ha informado ya puntualmente La Jornada y en el que destacan plumas bien conocidas por sus lectores, como Immanuel Wallerstein, John Berger y Naomi Klein. No son acólitos del zapatismo, pero todos los participantes reconocen que fue el detonador de la mayor parte de los movimientos antisistémicos actuales y que sigue siendo hasta hoy fuente de inspiración. Algunos, como Wallerstein, sostienen que es la iniciativa política más radical del mundo, y quizás la más importante, en el momento actual.

La gran diversidad de los participantes contribuyó a la riqueza del coloquio. Presentaron puntos de vista no sólo distintos sino contrapuestos, pero coincidieron en su crítica radical de la teoría dominante y en la necesidad de dar forma a otra teoría, que pueda dar cuenta y explicación cabales de realidades que científicos e intelectuales, tanto como autoridades y políticos, se han empeñado en negar. Una firme posición anticapitalista fue común denominador de las intervenciones, aunque se haya interpretado de muy diversas maneras lo que eso significa.

Las intervenciones del subcomandante Marcos, al término de cada sesión, hilvanaron, a veces en contrapunto con las presentaciones de los participantes, los hilos que se han ido tejiendo en La Otra Campaña, que arrancó hace casi dos años. Se inicia con ellas un nuevo ciclo de debates, que pueden servir de sustento a las iniciativas que en todas partes toma la gente para hacer frente a la guerra abierta y generalizada que se libra contra todas y todos, particularmente contra los rebeldes, los insumisos, los que se siguen afirmando en su dignidad para defender lo propio y resistir la agresión continua del capital y el Estado.

gustavoesteva@gmail.com


3-dic-2007

CRECER O NO CRECER



Gustavo Esteva

Me llovió en la milpa electrónica con esta cuestión. Mi correo se llenó de mensajes, no siempre gentiles y algunos ofensivos, porque hace quince días me animé, en esta columna, a denunciar el cáncer del crecimiento económico.

El correo me confirmó dos convicciones. Por una parte, reveló una conciencia cada vez más amplia y lúcida de que el planeta no podrá soportar muchos años más el impacto de la loca compulsión a crecer propia del capital. Si prosigue su carrera insensata de rapiña y depredación episodios como Katrina, Bangladesh o Tabasco serán condición cotidiana para todos.

Por otra parte, es improbable que podamos organizar la contracción programada de la economía que hace falta. No hay consenso al respecto porque enfrentamos un prejuicio casi religioso. La ciega fe en el crecimiento económico es impermeable a los argumentos, la experiencia y el sentido común. Los hechos no pueden con las creencias.

Es urgente debatir las ventajas de una tasa negativa de crecimiento económico bien concebida para forjar los consensos democráticos que necesitamos. Un par de ejemplos puede acotar el camino.

Las economías de escala generaron el mantra moderno: “Mientras más grande mejor”. Parecía obvio. La producción artesanal de automóviles es interesante pero ineficiente; sólo puede competir en nichos extravagantes del mercado. Y así prosperaron corporaciones privadas o públicas cada vez más grandes.

Es cierto que no conviene producir a una escala menor a cierto umbral, definido según el producto y otros factores. Pero el principio de “tamaño mínimo de planta” debe complementarse con el de “tamaño máximo”, pues pasado otro umbral hay deseconomías de escala. Lo aprendieron muchas corporaciones, que ahora multiplican plantas de “tamaño óptimo”…pero no se aplican a sí mismas el criterio y siguen creciendo. Como no decidirán achicarse, nos toca imponer ese sensato principio a todas las corporaciones que hayan rebasado el umbral de lo conveniente, alcanzando un tamaño peligroso para la sociedad.

Prevalece la impresión de que manejar grandes volúmenes permite ofrecer precios más bajos. Esta media verdad se ha vuelto dogma e inspira la Walmartización del mundo. Las grandes corporaciones comerciales ofrecen precios más bajos no por ser más eficientes sino porque su tamaño les permite imponerse a otros. Se imponen a los poderes constituidos lo mismo que a sus trabajadores, a sus clientes y a los productores, que a su vez, por el deterioro en sus ingresos, llevan a sus trabajadores a nuevas formas de esclavitud. En México, 19 000 muchachos y muchachas, de 14 a 16 años, empacan productos en las cajas de Wal-Mart sin recibir salarios. La empresa lo confiesa sin rubor y sostiene que son “voluntarios” y que cumple con acuerdos “concertados” con las autoridades. No descubro el hilo negro. Todo esto se encuentra bien documentado. Necesitamos actuar.

Al fijar legal y democráticamente límites a estas corporaciones provocaremos una reducción del producto nacional bruto e importantes beneficios sociales y ambientales, con mayor eficiencia en el uso de los recursos. Florecerán, en vez de los monstruos impersonales, establecimientos productivos y comerciales más pequeños, bellos y eficientes, ajustados al sentido de la proporción. Habríamos recuperado la escala humana. Si un ratón alcanzara el tamaño de un elefante se derrumbaría. Lo mismo le pasaría al elefante que se achicara al tamaño de un ratón. El diseño de sus esqueletos corresponde a su tamaño. Las crisis actuales vienen en buena medida de haber rebasado las escalas apropiadas a nuestras dimensiones.

Aún más importante sería combatir la compulsión a consumir. Podemos prolongar el uso de nuestros objetos, resistiendo la presión de quienes quieren que los reemplacemos cuando todavía son útiles. Hay muchos que desechamos por descomposturas reparables. Podemos repararlos nosotros mismos o los “informales”, entre los que estarían jubilados tan desechados como los objetos a quienes podría encantarles hacerlo. Y en vez de percibir la reparación como monserga y pérdida de imagen, sería motivo de placer creativo y orgullo. Mejoraría el bienestar de todos y la justicia social…a costa del PNB. Hay innumerables ejemplos de cómo podemos producir y consumir menos…para vivir mejor.

El desafío principal, en este empeño para tener en poco tiempo un mundo más justo, sensato y eficiente, no está en los monstruos corporativos públicos o privados sino en nuestras cabezas y corazones. Al recuperar el equilibrio y el sentido de la proporción y del límite, de los que carece el capital que nos programa, podremos usar imaginación y creatividad. Las sacaríamos de su sueño y las liberaríamos de las ataduras que les ha impuesto la religión universal del crecimiento económico y el consumismo en que todos hemos sido educados.

gustavoesteva@gmail.com

3-dic-2007

EL CÁNCER DEL CRECIMIENTO


Gustavo Esteva


Se ha hecho posible, al precio de tragedias como las de Tabasco, someter al debate público un precepto central de la religión dominante: la meta del acelerado crecimiento económico. Cincuenta años de propaganda convirtieron este dogma de economistas en prejuicio general. Se acepta ya sin mayor discusión que es algo deseable. Ha llegado la hora de abandonar tan perniciosa obsesión.

Que la economía crezca indefinidamente, junto con la población, parece un principio de sentido común. Pero no lo es. Muchas cosas deben crecer hasta alcanzar su tamaño: las plantas, los animales, las personas. Cuando alguien alcanza su tamaño y algo le sigue creciendo, llamamos cáncer a esa protuberancia. Buena parte de lo que aumenta cuando crece la economía registrada es un cáncer social. Crecen la especulación, la producción irracional o destructiva, la corrupción y el despilfarro, a costa de lo que necesitamos que aumente: la justicia social, el bienestar de las mayorías.

En todos los países hay cosas que han crecido de más, por lo que deben achicarse, y otras que no han crecido suficientemente o que necesitan seguirlo haciendo, para beneficio general. Una alta tasa de crecimiento económico, que se mide con el del producto nacional bruto, expresa habitualmente que sigue creciendo lo que ya es demasiado grande, un auténtico cáncer social, y que se achica lo que debería seguir creciendo.

El crecimiento económico produce lo contrario de lo que se promete con él. No implica mayor bienestar o empleo para las mayorías, o mayor eficiencia en el uso de los recursos. Es lo contrario: genera miseria, ineficiencia e injusticia. Hay abundante experiencia histórica para sustentar este argumento. Continuar planteando una alta tasa de crecimiento económico como meta social es pura insensatez. Ha de atribuirse a bendita ignorancia, a cinismo o a una combinación de los dos.

Hace casi 40 años Paul Streeten documentó rigurosamente, para la OIT, la perversa asociación entre crecimiento económico e injusticia. Demostró que a mayor crecimiento corresponde mayor miseria y que hay una relación de causa a efecto entre uno y otra. Mostró también que el famoso "efecto cascada", la idea de que la riqueza concentrada se derrama sobre las mayorías hasta generar su bienestar, es una ilusión perversa sin mayor fundamento.

Concentrar el empeño social en el crecimiento económico encubre lo que realmente se persigue: mayor opulencia de unos cuantos, a costa de la miseria general y la destrucción del patrimonio natural. Esto resulta apenas lógico, porque esa obsesión de economista no hace sino aplicar al conjunto de la sociedad una necesidad estricta del capital que sólo a él se aplica: capital que no crece, muere; y así ha de ser indefinidamente. Por eso cultivar la obsesión implica girar un cheque en blanco a los cabecillas del mercado o el Estado para que hagan de las suyas en nombre de un bienestar general que nunca llega y que, por esa vía, nunca llegará.

Necesitamos recuperar el sentido de la proporción, que no es sino otra forma del sentido común, el que se tiene en comunidad. Contra la sociedad del despilfarro, el desecho, la destrucción y la injusticia, la que produce el calentamiento global al que ahora se achacan los desastres causados por la irresponsabilidad, podemos levantar el valor de la renuncia sensata y responsable a lo innecesario en nombre de metas sociales viables, que descarten para siempre la idolatría del crecimiento económico.

Ha llegado el tiempo de plantearnos seriamente las ventajas de una tasa negativa de crecimiento general, especificando con claridad lo que queremos seguir estimulando. Se trata, por ejemplo, de apoyar a sectores altamente eficientes, productivos y sensatos, como los que forman la mayor parte del perseguido “sector informal”. Eso implica concentrarse en ampliar las capacidades productivas de las mayorías, en vez de dedicarse a apoyar a gigantes ineficientes. La pesadilla de los economistas: una caída en el producto bruto, podría ser una bendición para la mayoría de la gente. .

Es hora de detener la locura dominante. Han de crecer unas cosas y contraerse otras. Que aumenten nuestras capacidades de sustento y nuestra autonomía vital. Que se amplíen los espacios y maneras en que podemos ejercer nuestra libertad e iniciativa. Que se multipliquen las oportunidades propicias para la vida buena, según la manera en que cada persona y cultura defina en qué consiste vivir bien. Y que, para hacerlo posible, se reduzca el peso de una economía registrada que nos agobia y oprime, en todo aquello que contraríe la buena vida de todos o destruya la naturaleza.

gustavoesteva@gmail.com


(19-nov-2007)



invitación a la marcha en defensa de la tierra, el agua y la vida

A  LAS ORGANIZACIONES SOCIALES SOLIDARIAS

A LOS MEDIOS LIBRES

A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
A LA COMUNIDAD EN GENERAL

Actualmente los intereses de grupo se han venido imponiendo en la delegación Tláhuac esto va desde la muerte de campesinos como Manuel Cadena, además de la criminalización a los opositores a los proyectos urbanizadores de Marcelo Ebrard, ante esta situación la Comunidad de Tláhuac, Productores de la ciénega y chinamperìa de San Pedro Tláhuac y el Frente de Pueblos de Anáhuac invitan a la "marcha en defensa de la tierra, el agua y la vida" que se llevará a cabo el sábado 10 de octubre la salida será a las 10 a.m. en "el paso conejo" y la llegada en San Pedro Tláhuac

NO A LOS PROYECTOS URBANIZADRES DE MARCELO EBRARD
POR LA VIDA, POR EL AGUA ASISTE A LA MARCHA


Héctor Mendoza
piltuntli@gmail.com
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lunes, 5 de octubre de 2009

MEXICO:CONFERENCIAS DE ECOLOGÍA POLITICA EN LA UAM- XOCHIMILCO

CONFERENCIAS DE ECOLOGÍA POLITICA EN LA UAM- XOCHIMILCO
 
 
Adjunto el cartel de las Conferencias de Otoño sobre Ecología Política en la UAM- Xochimilco. Les recomendamos especialmente las conferencias siguientes:
 
 
La Convivencialidad, Jean Robert, el jueves 8 de octubre
 
 
Ecología y Socialismo, Miguel Valencia y Edgardo Mota, el 15 de octubre
 
 
Descrecimiento, Miguel Valencia y José Arias, el 19 de octubre
 
 
Conferencia Magistral,  Joan Martínez Alier, el 5 de noviembre.
 
 



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Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
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